Recuento.

Mi vida es un desastre. Concretamente, mi vida sentimental. Tengo 31 y una lista de romances fallidos, si se les puede llamar romances a una serie de infortunios que vistos en retrospectiva me dan risa, o lástima.

J.
Mi primer relación duró 5 años. Nos íbamos a casar. O eso creía yo, hasta que decidí echarme una cana al aire, y lo que se fue al aire, o a la mierda, fue mi relación.

S.
Inmediatamente después, comencé otra cosa parecida a una relación con un tipo guapísimo. Era el hombre de mis sueños. Hasta que lo conocí de verdad, era un celópata estúpido obsesionado con cosas intelectuales, lo que le hacía creerse el hombre más culto de la tierra. Hacía el amor como pocos, con desenfreno, pero con tanto pleito los últimos dos meses tuvimos sexo sólo estando borrachos. Sexo malo. A la fecha me sigue acosando, y cuando muero de aburrimiento siento la tentación de contestar sus mensajes desesperados a media noche. Me puso los cuernos dos veces. O tres, pero dos con la misma.

C.
Salí con un hombre que era un pendejo. Me gustaba cómo me acariciaba, y cómo se quedaba dormido hablando sinsentidos.

G.
Otra vez me enamoré, de un tipo que tenía todo lo que yo quería, junto con un millón de cosas que me hicieron la vida fastidiosa. No sé cómo pasó, traía un aura de felicidad envidiable, que me duró lo que dura una estación, y después se volvió un infierno de malentendidos, ofensas y evasivas.

A.
Fue mi amor desde que era adolescente. O mi amante. O yo la suya, porque siempre ha saltado de una novia a otra, pero siempre fui la otra, a la que llamaba cuando todas las otras tenían algo mejor que hacer que aguantar su verborrea y falta de gracia. Pero a mí me gustaba de verdad, y me gustaba su familia.


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